No sé si yo me acerco a Caballito, o Caballito a mí. Al fin y al cabo es exactamente lo mismo si se trata de Caballito, Almagro, Cid Campeador o Villa Crespo, mientras estén contentos de tenerme cerca. Y así se acerca una edad, se acerca una facultad, se acerca el reencuentro con la búsqueda, amigos, lugares, rincones y vuelos. ¿Dónde voy a ir a volar?, ¿Quién me va a enseñar?. Depende de lo que quiera decir, depende con qué objetivo y con qué metodología. Finalmente es más de lo mismo y a la vez no lo es. Es la historia dentro de la historia, es mi sueño parcial, mi pedacito de cielo. Una parte del rompecabezas a la que casi logro sacarle la ficha, para en algún momento llegar a armarlo, aunque por ahí las piezas no se conecten con lógica, aunque arme mi vida sin saber cómo es que realmente la quiero armar, o la necesito armar. Lo importante es tener esa pequeña ambición, ¿no?
Y te vas a dar cuenta que rumbeás por un camino agarrando piedritas. De todos los colores, unas mas lisas, otras con texturas diferentes a las que conocías. Algunas las agarras y las tirás de nuevo, porque te das cuenta de que no necesitás que estén en tu pequeña y personal colección. Algunas las compartís, y otras hasta te olvidás de que existen hasta que con un dejo de suspiro te sorprenden y se hacen notar todavía ahí, tintineando en tu bolsillo, brillando cuando las alcanza un rayito de sol dorado.
Hasta ahora no las voy contando (¿quién dijo que para tener una colección hace falta que conozcas su carácter cuantitativo?), pero sé que existen porque, si bien yo pienso en ellas de una manera subjetiva, ellas también piensan por su cuenta, quién sabe qué peripecias se imaginan esas chiquititas, loquitas, confusas, mientras se chocan las unas a las otras y se confunden y se mezclan y se hacen una sola, y se separan, se caracterizan, se hacen individualmente principales, se discriminan positivamente, mientras separo en ellas lo natural de lo social de sus acciones... aunque sean meras piedritas de colores.
Pero basta, vengo a hablar de una de estas cositas interesantes. Es una que me encontré hace poquito. Estaba escondida entre un par de hojas de un diente de león, pretendiendo dormir, y entre ensoñaciones la encontré diciendo locuras. Pero por curiosidad me senté a escucharla más de cerca, y, mientras se acurrucaba en su sueño, me dijo algunas cosas muy curiosas, muy sabihondas, muchas cosas que por ahí no pretendía escuchar, que me sorprendieron tanto que es hasta el día de hoy que no puedo separarme de sus monólogos. Pienso yo que por ahí ella le hablaba solamente a ese diente de león que le daba un lecho, sin notar siquiera que una extraña que vagaba por caminos entrecruzados la estaba espiando al soñar.
De un momento a otro la desperté, y sin refunfuñar se ofreció muy contenta de hacerle compañía a las otras piedritas que descansaban tranquilas en mi bolsillo derecho (eso sí, con la condición de llevar a su diente de león consigo por el camino). Debe ser que lo que cantamos las dos juntas le solía divertir, porque desde entonces no dejamos de hablarnos. Me contó que era loca, intuí que era de fiar, me sorprendió coincidiendo con mis ideales, aprendí que era sabia y al final decidí que teníamos que escucharnos entre ambas.
Y si una cosa puedo prometerle es que aunque sea por poquito tiempo, aunque sea una pavada ambulante, mientras se ofrezca, mientras quiera, ella y su diente de león pueden permaneces plácidamente en mi bolsillo para seguir contándome historias de boca en boca, como las que te contaron tus abuelos, como las que le vas a contar a tus hijos para que se lo transfieran a sus hijos en una pequeña, minuciosa, minúscula semilla de diente de león.
Fer, sos una de las piedritas más brillantes de mi bolsillo. Te merecés triunfar, llegar alto, muy alto, tan alto que vos misma ya no quieras subir más. Y vas a llegar, vas a volar, volar, volar. Vas a aprender a hacerlo, y no me cabe duda de que para ello sos tan capaz, que por ahí de tan alto que estés en algún momento te perdemos de vista. Claro, sólo para volverte a ver como las golondrinas, porque ellas emigran hacia el horizonte lejano, pero no importa dónde estén, ellas siempre vuelven a su hogar.
Las golondrinas se identifican con la lealtad y la fidelidad, ya que las golondrinas eligen una pareja que les acompañará siempre de por vida. Por lo tanto, también tienen un significado de amor y lealtad a la familia.