Utopía de Vanguardia

Siempre volvemos al punto de extrañar. De ignorar todo lo demás, como la titilante e inmutable conversación en facebook que no tengo ganas de leer ni un poquito.
Hay quienes extrañan a "alguien". Yo no. Yo no puedo definirte como "alguien". Más bien sos cositas.
Así que al fin y al cabo termino extrañando un dibujo de un árbol, o un árbol. Un tatuaje de dados.
Una noche con el vidrio empañado. Un puñado enorme de estrellas como lucecitas del árbol de navidad, un perfume. Un asiento incómodo que transformamos en cómodo. Pies. Una sonrisita tonta, una manta azul, un collage de emociones. Algo MUY extraño. Algunos filósofos, agua poco profunda. Viento frío en la cara, una sonrisa natural. Una siesta. Una noche. Un beso inmaduro. Un recuerdo latente de un micro. Un camino a la nada, o al todo, a la realidad. Una brecha muy corta a ser insignificante que ignoré para lastimarme conscientemente. ¿Me traes agua?. ¡Arribaaaaa!
Sí, loquita.
La forma en que miro mi mano y me siento triste porque los espacios entre mis dedos encajaban con los tuyos perfectamente.
Un manojo de fotos. Juegos. Risas. Bosque, frío, paz...
Recuerdos intensos de hace mucho, que no conocés. Islas para perdernos, duendes en algún lado que busco, o que nos buscan.

Y todo eso... para que halla que volver a la realidad. Se nos cruzan los cables. Se nos cruza la distancia, poca, pero distancia al fin. En el medio de ondas. En el medio de tecnologías inentendibles. Atravesados por ocupaciones y obligaciones. Desmembrados por la lógica cotidiana que nos separa ideológicamente. La razón no nos une, no. Pero no necesito de la razón para ser feliz. Y nos separa hasta un tequila y una llamada telefónica. Y se cae el mundo, y de nuevo falsos dioses. Dios ha muerto, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo.
Ya hay un abismo, vos te encargaste de hacerlo más y más alto. ¿Saltar? Parece que hubiera saltado un millón de veces y vos nunca lo hubieras notado, eh. Tranquilo, tranquilo en tu auto, con tus amigos, en tu gimnasio, con tu empresa, tomando de fiesta en fiesta, pagando multas sin importar. Hoy tranquilo.
Será que soy demasiado "hippie" para esto.
Será que sigo un poco vieja, que nunca me voy a adaptar.
No sé decir si existe un sentimiento peor al que se siente cuando alguien te ignora completamente, cuando alguien prácticamente no sabe ni le interesa saber quién sos.
Pero eso pasa cuando volvemos a la realidad, a la lógica, a la razón: A nadie le interesa nada del otro, la política se mete y arruina todo hasta en relaciones íntimas, la despreocupación reina, el "yo" prima, el "nosotros" nunca más. Las promesas se esfuman, los tesoros se pierden, los recuerdos son parte del pasado y vos ya no sos, yo ya no soy.

No a la razón

Sí a las voluntades, las pasiones, los caprichos, los impulsos.

Vivamos loco. Vivamos despatarrados, en Vanguardia

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