Fue por tenerte regalada, el creer que no vales nada...

"Fue por tenerte regalada, el creer que no vales nada" sonaba de música de fondo.
-Todavía no sé qué hago acá- confesó Caro mientras se dejaba caer en el sillón verde del salón, al lado de Laura. Era la primera vez que se veían y, sin embargo, sentía que se conocían hacía un montón de tiempo.
-Viniste por él, es su cumpleaños- le recordó la chica, dándolo por obvio.
-No, nena... Digo... porque tuve que mentir para venir acá, y encima él ni bola me va a dar. Ni sé si quiero que me de bola.
-Él nos hizo muy mal, Caro...
-Sí, ya sé, ya sé que nos hizo, ya sé. Pero no puedo evitar pensar que se la hice muy fácil.- La calló.
-¿Cómo?
-Sí, boluda. Siempre lo traté como a un rey. Después de que le empezara a dar bola yo, nunca más movió un dedo por tenerme atrás. Yo como una tarada le seguía todos los pasos, como a un bebé. Parecía una groupie, ¡no sé! Sólo que yo no quería "eso" con él, ¿me entendés?... Imaginate... Los pibes... Su filosofía del amor reza: "Cuando más fácil sos, menos me importás" Y eso es porque no nos hacemos valer... parece que no nos queremos nada, que estamos regaladas por inseguridad. Y una chica insegura no atrae hombres.
-Tenés razón...
-Mirá, ¿te digo algo? Lo que realmente va a cuidar un hombre es lo que gane con sangre, sudor y lágrimas, porque tanto la va a costar conseguirlo que no va a querer perderlo tan fácil después. Conmigo él no hizo mínimo esfuerzo, me tuvo al toque. Por eso me descuidó. Por eso no le duré ni un round. Porque daba por sentado que yo iba a volver si me enojaba, que le iba a hablar aunque jurara no hacerlo nunca más. Entonces no necesitó cuidarme. No lo necesitó. A Meli la cuida porque sabe que si no lo hace, la flaca no tiene drama, no tiene inconveniente en no hablare nunca más.
-¡Y, si no lo quiere!, ¿no te acordás que nos dijo eso ella?
-Sí... ya sé. Pero él la adora. Le tiene una especie de fanatismo religioso. Siente que ella lo salva, no sé qué onda.
-Es peor que nosotras con él.

Carolina se quedó pensando en eso y se vio tan estúpida cómo lo veía a Alejandro con Melina. Adorándola. Sabiéndola ajena. Sabiendo que ella no le pertenecía en lo más mínimo.

-No sé que quiere, Caro, no sé ya. Yo estuve entregada, di todo por él, ¿qué más quiere?
-Pero no te amó- dijo ella mirando en otra dirección- Mirá, ¿vos amás a Guido?
-No... no puedo sentirlo, es sólo eso.
-Bueno, él da todo por vos, ¿qué más querés?- preguntó mientras le lanzaba una pequeña miradita de desaprobación.
-Buen punto...-respondió tomando un vaso que contenía un líquido azul. Lo bebió hasta el fondo y lo volvió a dejar en la mesa ratona.- ¿querés uno?
-No, gracias. No me gusta.
-Ah, que raro... ¿ Probaste?
-Sí, sí, pero no me gusta.- insistió.
-Ah... ¿Y qué vas a hacer?
-Nada. Ya no puedo hacer nada más que esperar, darle tiempo al tiempo. Y para lo que no puedo esperar es para ver la reacción de Alejandro cuando entre Melina. Va a ser la primera vez que la ve en persona, ¿no?
-Sí... y no quiero que llegue el momento. ¿Sabés cómo la va a perseguir...?
-Obvio. Pero ella no es para él. así que tal vez no...
-Caro, a él no le importa eso, ya lo sabés. Me lo dijiste antes con tu speach de que ella no está regalada, y que por eso él la persigue.
-¡Dejame tener una mínima esperanza! ¡No escuches todo lo que digo!
-A veces no es bueno tener una mínima esperanza... Yo la tuve por dos años y mirá. Nada. Eso tuve. Nada, la nada misma.

De la nada Alejandro se sentó en el apoya brazos al lado de Laura y dijo:
-¿Qué hacen ustedes dos acá hablando? Pensé que no se querían.
-Pensas mal. Vos nos hiciste no querernos, pero en realidad nos llevamos re bien...-contestó arisca Laura.
-¿No vienen?- Indagó él señalando un grupo de chicos que cantaba al rededor de un chico guitarrero. Obvio, desviaba el tema porque se sabía culpable.
-Ahora, en un ratito. ¿Y Meli?- preguntó Caro.
-No sé, ¿por?
-Preguto nomás.
Alejandro rió burlón y acotó: "¿Qué? ¿Estás celosa?"
Demasiado para una misma noche. caro se levantó de golpe y se encerró en el baño en dónde pronto estaba Laura haciéndole compañía. Y Alejandro, por su puesto.

-Perdoname- repetía Alejandro.
Caro se lavó las manos con el jabón del baño del salón, se arregló el pelo, se retocó el maquillaje y procuró hacer oídos sordos a las súplicas de Alejandro. ¡Pendejo de mierda!, siempre arruinaba todo. O ella. Pero siempre terminaba todo mal.

-¿Qué hora es?
-Las doce.
-Temprano- dijo Caro, y por adentro se repetía "Faltan 4 horas de mierda todavía"
-Sobre Meli... Yo no estoy enamorado de ella, Caro.
-Mirá vos, te felicito. ¿Qué querés, que te aplauda?
-¿Por qué me tratás así?
-Lo mismo digo. Sabiendo lo sensible que llegó a ser te reís de mi en mi propia cara. "¿Qué? ¿Estás celosa?"- Se burló de él cuando se le empañaban los ojos.
-Ya te pedí perdón.
-Cuando no.

Pero nunca dejó de perseguirlo, claro. Y él la tuvo tan fácil que llegó un momento en que le daba igual si ella estaba o no.
Somos un pequeño tesoro que no hay que compartir tan fácil. Dejemos que primero ÉL busque la llave del cofre del tesoro, ¿no?
Como todo buen pirata, debe conseguir la llave cómo sea, la tomará prestada, la encontrará, la robará, pero la conseguirá. Y como todo hombre es un "pirata", todos deben buscar la llave de su propio cofre del tesoro. Pero eso no significa que todos perceberarán hasta encontrarla.
Los que no perceberen hasta el final, no serás buenos piratas. Porque eso no es un pirata, ¡eso es un limpia cubiertas resentido!
"¡Todos a babor!" 

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